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  • Nuria Rius

¿Qué son las creencias limitantes y como transformarlas?



Siempre que quedo con amigas/os terminamos hablando de cómo influyen en nuestra vida las Creencias que tenemos respecto a todo nuestro universo personal: nosotros, los otros, las relaciones, el mundo en general. Cómo de una manera u otra terminan condicionando nuestra existencia.


Estas creencias pueden ser limitantes o potenciadoras. Hoy nos centraremos en las creencias limitantes que son aquellas que para nuestra mente son ciertas y nosotros las damos por buenas y válidas.



¿Qué son las creencias limitantes y cómo las adquirimos?


Antes que nada definiré que es una creencia: Son mandatos, juicios y evaluaciones aprendidas sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Convivimos dentro de un sistema de creencias. Unas impuestas por la sociedad, heredadas de la familia, grupo de amigos y otras son generadas por nuestras propias experiencias que normalmente se van configurando desde la infancia y afectan al resto de nuestra vida.


Toda creencia conlleva una idea acompañada de una carga afectiva o subjetiva, es decir:


CREENCIA = IDEA + CARGA AFECTIVA


Si por ejemplo creo que no puedo aprender a bailar con soltura, cuando piense en ello asociaré la idea de bailar mal, a alguna situación normalmente anterior, en la que lo pasé mal y que confirme mi teoría de que soy un desastre (emoción que te hace sentir mal) para el baile. Esto es psicología se llama Autoprofecía cumplida.


Las creencias son un conjunto de juicios y opiniones que hemos generado en nuestros primeros años de vida y que tenemos hondamente arraigados en nuestra vida. Estas configuran nuestro mapa mental y es casi imposible ponerlas en duda, ya que generalmente operan de manera inconsciente.





¿Cómo puedes conocer tus creencias limitantes?


Conocer nuestras creencias limitantes pasa por realizar un trabajo de autoexploración. Hay tres frases en las que podemos fijarnos para empezar a trabajar:


  • Eso es imposible.

  • No puedo hacer eso.

  • No me lo merezco.


Si en algún momento te escuchas diciendo esto, detrás hay una creencia limitante tan arraigada que ni sabías que la tenías.


Aquí te adelanto varias ideas de creencias limitantes muy generalizadas en la población:


  1. No puedo hablar en público.

  2. No se me da bien escribir.

  3. No puedo confiar en nadie.

  4. No valgo para estudiar, bailar, etc….

  5. No se puede ser rico y buena persona.

  6. Soy un vago.

  7. etc, etc, etc


¿Te resuena alguna?



¿Cómo cambiar tus creencias limitantes?


Te indico una sencilla técnica de tres pasos recogida de la PNL (Programación neurolingüistica).


  • Tomar conciencia de la creencia y preguntarte: ¿En qué me perjudica? ¿En qué me beneficia? y ¿Cómo sería mi vida sin esa creencia?.

  • Sustituirla por una creencia potenciadora: que te empodere y te de fuerza. ¿Cómo sería mi vida si creyera esto nuevo?

  • Entrenar o repetir: repetir y practicar la nueva creencia hasta incorporarla, lo que requiere constancia.


También es interesante realizarse las siguientes preguntas que te ayudarán a indagar más aún en el proceso de construcción de la creencia:


- Cuándo llegaste a esa conclusión (tiempo)

- Esa conclusión fue tuya o concluida por otra persona (fuente)

- Si fue tuya, cómo llegaste a esa conclusión en aquel momento (proceso)

- Cómo la hiciste tuya si fue concluida por otra persona (introyección)

- Cómo llegaste al proceso de generalización (omisión datos, distorsión)


Para todo ello, es necesario salir de nuestra zona de confort y avanzar hacia nuevos hábitos y aprendizajes.


Como decía Ghandi: Tus pensamientos se convierten en palabras, tus palabras en acciones, tus acciones en hábitos, tus hábitos en valores y tus valores en tu destino. Así que toma las riendas de tu vida cuanto antes para ser libre.



Mi experiencia personal


Mi creencia limitante desde muy pequeña era que ni sabía ni podía hablar en público.


Todo empezó en la escuela cuando el día del examen oral tenías que salir a la tarima y delante de tus compañeras y la profesora exponer la lección.


Aún recuerdo un examen de matemáticas que tenía que explicar cada una de las formas geométricas, y decir cuántas caras, vértices, lados, etc tenían. Te puedo asegurar que lo había estudiado y repetido cien veces y me lo sabía de memoria, pero cuando salí a la tarima me quedé en blanco literalmente; me temblaba hasta la voz, sentí como una especie de despersonalización, como si todo aquello fuera un mal sueño, en definitiva, fue un desastre de examen. Este fue el inicio de una larga serie de repeticiones de situaciones estresantes que implicaba hablar en público con malas experiencias. Y ahí empecé a introyectar mi creencia de que hablar en público era lo peor que le podía pasar a una.


Creencia limitante: No puedo hablar en público. ¿Por qué? Es peligroso. Todos te miran y te juzgan. No puedes equivocarte. Siento vergüenza. La voz me tiembla y lo van a notar. Me quedo en blanco seguro. Etc, etc, etc.


Cómo lo superé: pues bien, como la vida es maravillosa y generosa, siempre te pone las experiencias que necesitas para que te superes y des cuenta de lo equivocada que estabas.


Cuando empecé a trabajar en la asociación de mujeres de Lucentum, mi trabajo consistía en dar charlas y ponencias por todas las ciudades y pueblos de la provincia de Alicante. Te puedes imaginar que al principio experimenté una mezcla de ilusión y de pavor por mi nuevo trabajo. Iba a hacer una cosa que me encantaba pero por otro lado tenía que enfrentarme a unos de mis mayores temores, hablar en público.


Al principio ni te imaginarías todo lo que podía hacer a la hora de prepararme los power points. Pensaba eran que eran mi salvación, creía que cuanta más información pusiera en ellos mejor para que no se me olvidará nada. Repetía la ponencia varias veces, daba igual al espejo del baño, a mi misma o al perro, una y otra vez. La noche anterior ya me ponía nerviosa. Desayunaba poco y mal y apenas podía comer. Preguntaba a la secretaria cuántas personas se esperaban para la cita. En fin era una tortura.


Con el tiempo todo fue cambiando y poco a poco fui capaz de convencerme a mí misma que podía hacerlo bien y no hacía falta tanto ritual para pasarlo francamente mal, y lo que hice fue aplicar las tres reglas que os cité arriba.



  • Tomar conciencia de la creencia: que me pasaba por la cabeza cuando salía delante de la audiencia, qué era lo que me decía a mi misma, qué mensaje me mandaba. No sería capaz.

  • Sustituirla por una creencia potenciadora: me ponía en el lugar de la audiencia y pensaba, cuando yo voy a una ponencia qué es lo que me gusta y qué me aburre, y empecé a cambiar mis técnicas y estrategias de comunicación. Empecé también a tratarme de una forma más benévola, si me equivocaba o me quedaba en blaco no pasaría nada, utilizaría el sentido del humor. Y así uno a uno fui ablandando mis mandatos hasta llegar a disfrutar de la charla. Soy capaz.

  • Entrenar o repetir: todas las semanas preparaba una charla y así fue desapareciendo la antigua creencia y pude ir sustituyéndola por la nueva.



Te aseguro que empecé a disfrutar como nunca antes lo había hecho. Me transformaba, pero para bien, modulaba la voz y adoptaba un ritmo que yo misma me sorprendía, el power point apenas lo necesitaba, me surgían ideas nuevas como de la nada, ya no contaba el tiempo sino que pasaba solo, y así incontables pequeños detalles.


Te animo a que trabajes con alguna de tus viejas creencias limitantes y compartas con nosotros el resultado, te aseguro resultados.


PD: Recuerda que si necesitas una mano y avanzar acompañada durante el proceso estoy aquí para ayudarte. No dudes en ponerte en contacto conmigo:)





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